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lunes, 7 de marzo de 2016

Estilismos de series: Cayendo bajo el embrujo de Elizabeth Montgomery en "Bewitched"


Tras una semana de ausencia no deseada (¡ay, si yo os contara...!), volvemos con las pilas cargadas y con algunas entradas especiales que teníamos guardadas en el baúl. Mientras esperamos la llegada de los primeros festivales y estrenos de una nueva temporada de alfombra roja, podemos aprovechar para retomar algunas secciones que teníamos un poco abandonadas, tal y como hacemos hoy al hablar de una de mis series favoritas de todos los tiempos:


¿Quién no ha visto alguna vez la serie Bewitched (Embrujada en España y Hechizada en Hispanoamérica)? Esta serie, emitida originalmente en Estados Unidos entre 1964 y 1972, cuenta la historia de una joven bruja nada convencional que se casa con un humano. Probablemente, esta ficción nos dejó algunos de los momentos más entrañables y divertidos de la televisión... así como el movimiento de nariz más recordado, de la mano de una estilosa bruja a quien dedicamos la entrada de hoy:


Lejos de ser la típica bruja fea, vestida de negro y con verrugas, Samantha Stephens es una elegante ama de casa que no duda en vestir sus mejores galas para cualquier evento que se presente. Descendiendo por la escalera de su casa como si de una pasarela se tratase, la icónica actriz Elizabeth Montgomery dio vida a este personaje durante ocho temporadas, siempre acompañada de un vestuario impecable. Sobre estas líneas, vemos a la protagonista de la ficción televisiva enfundada en varios vestidos de cóctel, desde una clásica propuesta entallada en color blanco hasta otras apuestas más coloridas, con motivos florales y estampado en varios tonos de azul.


¿Y quién dijo que no se pueden realizar las tareas del hogar con estilo? En el armario de esta bruja tan particular no faltaban tampoco algunos básicos que han sobrevivido perfectamente al paso del tiempo. Jerséis de cuello vuelto, blusas con cuadros vichy o partes superiores sin mangas con estampado a topos (polka dot) reclaman su lugar en los estilismos de esta serie. Destacamos también la representativa melena rubia que siempre lucía la protagonista, generalmente peinada a base de ondas y con bastante volumen, tal y como era habitual en la época. Maravilloso era también su luminoso maquillaje, con sombra de ojos a base de kohl para realzar su magnética mirada.


Con el paso de los años y de las temporadas, el estilo de Samantha va madurando cada vez más, convirtiéndose en la perfecta esposa de un publicista de éxito (es una visión machista, las cosas como son, pero esto es típico en los productos audiovisuales del siglo pasado). Añadiendo su faceta de madre a las de bruja y ama de casa, elementos como los vestidos con adornos de influencia oriental o los collares de perlas van ganando terreno... Puede que se hable de la colección de zapatos y bolsos de Carrie Bradshaw, pero Samantha Stephens no se quedaba atrás. Aunque no falta la paleta de tonos básica, su pasión por el color siempre está presente, en especial a lo largo de las últimas temporadas.


¡¡Y es que llegan los años 70!! De la mano de los cambios sociales, la colorista estética retro llega pisando fuerte, suponiendo la aparición de nuevas siluetas y motivos. Así pues, vemos desde vestidos con estampados psicodélicos hasta conjuntos donde las faldas se vuelven cada vez más cortas. Samantha siempre fue una mujer bastante independiente, desde el punto de vista de la época, pero esto se observa especialmente bien al entrar en escena sus hijos Tabitha y Adam. No era común que una mujer fuese la protagonista absoluta de una serie, pero esta bruja aterrizó con fuerza y conquistó el corazón de varias generaciones.


Eso sí, el reparto de personajes secundarios, en especial los femeninos, también fue responsable del arrollador éxito de la ficción. Por parte de la familia "brujil", la despistada tía Clara (Marion Lorne) y la siempre dramática Endora (Agnes Moorehead) hacían las delicias de los telespectadores ávidos de sonrisas. No se quedaban atrás los personajes humanos, pues la entrometida suegra Phyllis Stephens (Mabel Albertson) y la neurótica vecina Gladys Kravitz (Alice Pearce) también nos robaban más de una carcajada. Si es que ya no se hacen comedias como esta...


Después de esto, solamente me queda desearos una feliz semana. Y recordad, si tenéis algún problema y no sabéis cómo solucionarlo... ¡pedidle a Samantha que mueva su naricita y os aporte ese toque de magia que todos necesitamos! Nos leemos,

O.